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La otra cara de los años 80′: la crisis moral norteamericana y su sombra sobre el futuro en EL TIEMPO DEL ARMAGEDÓN

Este 22 de diciembre estrena ‘El Tiempo Del Armagedón’, una película sobre los vínculos con el pasado y la crisis social que vivía Estados Unidos en 1980, vista a través de los ojos de un niño, con actuaciones de Anne Hathaway, Anthony Hopkins y Jeremy Strong.

¿De qué trata?

‘El tiempo del Armagedón’ sigue los pasos de Paul Graff (Banks Repeta), un niño que crece en el Queens de los años 80′, con padres de ascendencia judía (Anne Hathaway & Jeremy Strong) y de clases sociales distintas, cuyo sabio abuelo (Anthony Hopkins) le guía para actuar a partir de la memoria, el respeto a los demás y la búsqueda del futuro soñado, en medio de una familia de clase media preocupada por la movilidad social de sus hijos y la mantención de su estilo de vida.

Mediante este drama, veloz coming-of-age emocional, y en la adolescente búsqueda por desmarcarse de su «brillante» hermano promesa odioso y de la autoridad dogmática de unos padres que no le permiten pedir de comer ‘dumplings’ a diario y lo golpean violentamente cuando ‘se porta mal’, Paul enfrentará un despertar de consciencia social a partir de diversos acontecimientos donde la desigualdad y la crisis moral que atraviesa un Estados Unidos a punto de ser gobernado por Ronald Reagan, cuestionan su forma de ver las cosas.

La vida del protagonista poco a poco será trastocada, pues no le permitirán continuar en la escuela pública a la que asiste y será trasladado a un instituto para niños que buscan el éxito y la fortuna, donde tendrá como compañero de clase a nada menos que un miembro de la familia Trump. Sin embargo, la situación que generará la mayor cantidad de conflictos en la vida del pequeño, será su amistad con Jhonny, un niño de clase baja que ha repetido año escolar en varias ocasiones, prácticamente huérfano, objeto de la desigualdad social de múltiples maneras, que sin embargo sueña trabajar en la NASA y que apoya a Paul en su deseo de dedicarse a la pintura; la familia Graff no estará de acuerdo con la unión e intentará alejarlos, dadas las circunstancias de racismo y clasismo que comienzan a inundar al barrio, y que han llegado hasta su  mismísimo hogar.

Jhonny y Paul Graff en ‘El tiempo del Armagedón’.
Imagen: Focus Features

El retrato triste de una época convulsa

Armagedón‘ es el término religioso de origen hebreo que se usa para referirse al «fin de los tiempos» o a un «tiempo de catástrofe», y engloba con precisión el tema de la película, pues señala el comienzo de una crisis social originada durante los años 80′, que hasta hoy en dia expande su sombra visible en los principios más destructivos de la sociedad: la discriminación, el racismo, la falta de oportunidades, la brecha tan amplia entre clases sociales y por ende, la existencia de familias disfuncionales.

El escritor y director de este filme, James Gray, creció en la norteamerica que retrata, un tiempo decisivo para la comunidad internacional, de crisis económica y necesidad de recuperación social, tras los funestos estragos de la Segunda Guerra Mundial. Esta historia dibuja un recuerdo velado tanto en la imagen como en la narrativa, pues utiliza una fotografía vaporosa llena de luces indirectas cayendo sobre la faz de los personajes, siempre sombreando o revelando sólo parcialmente la información total, como una posible metáfora de todo lo que yacía bajo las sombras de la imagen de perfección en unos años 80′ donde Norteamérica se presentaba ante sí misma como el ensueño de una nación triunfadora, con un presidente-actor preparado para dar el mejor discurso nacionalista en cuanto se presentara la ocasión. 

Los pequeños acontecimientos cotidianos con la familia y los amigos, fueron la gran prueba del fallo del ‘American Dream’ divulgado por los medios de comunicación y que era apoyado por el Estado, pues en los barrios norteamericanos envueltos en pobreza, violencia, crimen, discriminación y racismo, las familias con profunda fe y altas expectativas en este sueño de paz, bienestar y oportunidades que supuestamente podría alcanzar cualquiera, enfrentaban las contradicciones de su nación, minada con el individualismo más beligerante, donde sólo había dos bandos: el de los favorecidos y el de los desfavorecidos, donde un buen contacto, el color de piel o la clase social, bastarían para salvarte la vida, o para condenarte. La sociedad de Estados Unidos en los 80′ estaba viviendo una discriminación encima de otra, incapaz de comprender la mentira del ‘American Way Of Life’ que tanto se luchó por instaurar en los ciudadanos y que supo disuadir a la población de toda posibilidad de establecer comunidad.

Los polémicos años de mandato de Reagan, que algunos recuerdan como gloria económica por la implementación absoluta del neoliberalismo, y otros como el comienzo del intervencionismo en Latinoamérica, el patrocinio de las ‘proxy wars’, la reivindicación del conservadurismo bajo la bandera republicana, el fin de la Guerra Fría a partir del clímax de la carrera armamentista contra la URSS, la priorización de la fuerza militar y la persecución del comunismo a nivel internacional; son las condiciones históricas donde comienzan a emerger los diversos conflictos sociales vinculados a la memoria y el malestar moral.

Banks Repeta y Anthony Hopkins en ‘El tiempo del Armagedón’

El arte de la época que busca evidenciar el contexto social

Con justa razón, el arte de la época comienza a retratar a los personajes de la vida cotidiana de todas las clases y en todos los entornos, pues con ello evidenciará las incongruencias de una sociedad en constante proceso de reintegración y en la búsqueda de estabilidad, tras los conflictos internacionales recientemente vividos. El arte disidente al discurso del Estado, en la pintura, la literatura o el cine incluso, se vuelca hacia el interior de los hogares y espacios comunes, hacia lo cotidiano (en este sentido, ‘El tiempo del Armagedón’ se alinea con estas intenciones) que es donde los grandes cambios y contradicciones quedan al descubierto.

Pareciese que el filme se alinea con aquellas intenciones del arte, que buscaban dejar registro de la imagen que en esos momentos contenía EUA al interior, como una fe de erratas que explicara y ayudara a comprender la sombra que se posaría sobre su sociedad en el futuro. Es así como los recuerdos más comunes dentro de toda infancia, dentro de esta cinta adquieren dimensión social: recibir un buen consejo de un ser querido, juntarse con personas que no le agraden a la familia, tener pésimos maestros, cambiarse de escuela, querer estudiar algo que los padres no aprueben, luchar por adaptarse, tener ideas que de tan inocentes sean peligrosas, recibir un castigo, odiar a la familia y amarla, llorar una pérdida, soñar, buscar un futuro mejor, tener un amigo y perderlo, despertar a la injusticia del mundo, dudar si se debe decir la verdad o no, asumir las consecuencias de los actos o ser eximido de ellas, permanecer o huir; todo se reduce a una decisión compleja: cambiar o perpetuar la herencia.

La niñez o la vida de algunos autores, como en el caso de Gray, no se limita a la experiencia personal, sino que logra transmitir el espectro que embargaba su tiempo, una época en búsqueda de prosperidad, bienestar y progreso individual, insertada en un entorno hostil, que poco a poco iría desempañando la realidad en los ojos de los niños que se harían adultos en nuestros días y nos recordarían esa otra cara del «Make America Great Again«, para no caer en la trampa de la melancólica añoranza de un falso «tiempo pasado donde estábamos mejor».

La fotografía de Darius Khondji y James Gray

Las imágenes muestran adrede marcada influencia de la pintura realista norteamericana del siglo XX, por ejemplo, en el tema, en el deseo de reflejar la vida de las clases medias y bajas en las ciudades norteamericanas, y el modo de iluminar y retratar personajes cotidianos, como en las obras de Robert Henri. Con estas guías visuales, tanto el director como el fotógrafo iranofrancés, Darius Khondji (Delicatessen, 1991; Amour, 2017; Uncut Gems, 2019; Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, 2022), con quien el director ya ha colaborado en otras dos ocasiones (The Immigrant, 2013; The Lost City Of Z), lograron plasmar el ensueño de la decadencia norteamericana que se supo camuflar bajo la apariencia del progreso y del nacionalismo, dando como resultado imágenes que parecen ser la postal triste de unos turbulentos años 80′.

Está fotografía nos permite adentramos como testigos omnipresentes de una vida familiar común en la época, conformada por inmigrantes judíos, matrimonios compuestos por clases sociales distintas e integrantes con aspiraciones personales varias, particularmente de los más jóvenes, que ya habían perdido la noción histórica de la Segunda Guerra Mundial y que no podían comprender del todo ni su pasado, ni el entorno en el que se estaban desarrollando, ni hacia donde tendrían que andar para construir su propio futuro.

Reseña

Hemos vivido un boom de producciones audiovisuales que remiten a los años 80′ de una forma nostálgica, destacándolos en ocasiones como una época de innovación, de juegos en el vecindario y amigos andando en bici a altas horas de la noche, con polaroids en mano, moda y música memorable; películas como esta, que asumen una cierta responsabilidad de desenmascarar esta versión consumible, presentan al público la otra cara de esta época, planteando más dudas, que satisfacciones de contemplación.

‘El tiempo del Armagedón’ traza dos preguntas centrales: ¿qué pasaba en los años 80′ con la sociedad norteamericana y cómo impacta eso en el presente?, y ¿cómo vivieron ese mundo los niños, hijos de los hijos de los sobrevivientes al holocausto, al comunismo, al racismo y al clasismo más radical, qué consecuencias pudo tener en ellos? Investigando sobre el entorno político y social de la época, me pareció que esta película es una nota en el refrigerador de Estados Unidos resumida en las frases que suelta Anthony Hopkins, en la metáfora de ese abuelo sabio de otro tiempo aconsejando al futuro: «No te olvides de tu pasado», «Actúa por aquellos que no tuvieron tu privilegio«.

Esta cinta es también una especie de exposición de motivos por parte del director, donde nos muestra por qué la familia es un tema tan importante para él y su cine, que se perfila como la célula elemental que refleja el entorno social y es heredera de un cúmulo de pasados e historia, asuntos que proyectarán su sombra sobre toda generación venidera y la obligarán a discernir entre perpetuar el camino o virar el rumbo.

De momentos se olvida que se está ante una ficción, pues la puesta en escena tan acogedora, llena de situaciones que no aparentan ser nada descomunal (tan sólo la vida tranquila y apacible de una familia de clase media), da la sensación de estar simplemente haciéndote testigo de un día a día cualquiera. Banks Repeta da vida a un niño en contemplación atónita del mundo, casi inmovilizado frente al shock de lo real, haciéndonos dudar de si actuará o no como correspondería. El pequeño Graff pasa de la total incredulidad en el poderío falso de sus padres para resolver sus problemas escolares, a asumir el deber de hacerse cargo de su futuro, pero buscando una manera de escapar de las imposiciones, para terminar dándose cuenta de que el mundo adulto es mucho más complejo e injusto de lo que aparenta.

Aunque al final puede parecer que quizá se ha visto una película muy lenta, pretenciosa y hasta aburrida, cuyo tema central no nos parece muy claro, lo que sí se puede saber es una cosa: la película no lo ha dicho todo, plantea una serie de dudas al espectador. Con el paso de los días, las imágenes, los diálogos y los subtemas propuestos por la cinta, comienzan a convertirse uno a uno en preguntas concretas que, tras investigar al respecto, pueden llevarnos a la conclusión de que esta es una cinta que diserta sobre la comprensión histórica del pasado de Estados Unidos, y que subraya la cotidianidad como un espacio donde se ven reflejados los temas sociales más polémicos, a través de una puesta en escena donde no es tan evidente nada y sin mucha acción: llanamente un niño creciendo y viviendo su tiempo, siendo testigo y haciéndonos parte de su época, resultado de múltiples consecuencias históricas.

Esta no es una película de acción para divertirse, ni un drama para conmoverse, ni una tragedia para entristecerse; es una película para dudar de lo que ya se sabe y desconcertarse de lo que no, que pareciera muy sencilla y hasta con situaciones cliché, pero que en realidad sólo comienza a revelar su sentido una vez que has abandonado la sala. Vale la pena ir al cine, sentarse a pensar un rato después de verla y esperar a ver que preguntas plantea y sobre todo, qué aprenderemos de nuestras investigaciones y reflexiones al respecto, para el futuro.

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