Incluye spoilers.

Imaginemos una película mexicana que nos presenta a un narcotraficante que lo tiene todo, menos su libertad de ser quién es: una mujer.
Así que decide hacerlo, con la ayuda de una abogada que está cansada del sistema corrupto de la justicia mexicana. Para ser libre, finge su muerte.
Años después, se da cuenta que extraña a sus hijos y a su esposa y decide volver a México para vivir con ellos, pero haciendose pasar por un familiar del narcotraficante. Tiene problemas: sus hijos no la quieren, su esposa se está enamorando de otro y ni todo el dinero del mundo la hace feliz. No tiene propósito.
Hasta que se da cuenta que su abogada (ahora amiga) quiere hacer de México un mejor país. Y se da cuenta que, con los contactos que tiene, puede encontrar a algunos de los miles de desaparecidos del país.
Con ella, empieza a cambiar a la sociedad y crea una fundación. Y se vuelve a enamorar. Y todo parece ir bien, hasta que su esposa quiere casarse y llevarse a los niños. En venganza, le corta el dinero que ella misma le heredó.
Pero ella también sabe pelear. Junto con su prometido la secuestra y pide un rescate. Y cuando todo se complica y parece que no sobrevivirá, dice la verdad. Y la esposa, confundida y en shock, empieza a defenderla hasta que ambas mueren. Y la abogada, que irónicamente solo quería estabilidad, lo hereda todo.

Suena bien, ¿no? Seguramente sería un éxito en el género de violencia o junto a series como El Señor de los Cielos o La Reina del Sur.
Pues esa es la historia de Emilia Pérez.
Entonces, ¿qué tiene de malo?
Cuando imaginamos está historia, nos imaginamos un filme reflexivo sobre las desapariciones en México. Una especie de Robin Hood o incluso la redención de los narcos. Nos imaginamos un éxito.
Y luego la ves y te topas con un musical.
Un musical cuyas canciones no son serias. Y cuando prestas atención a las letras, te fijas que no tienen sentido. ¿Por qué? Por qué las escribió un francés, y parece ser que no fue en español, no tienen sentido.
¿Qué tiene que ver el color de piel con la corrupción del sistema judicial? ¿Una persona puede oler a guacamole y a los perros en los viajes en carro al mismo tiempo?
Que raro.
Y luego, te das cuenta que Emilia Pérez es española.
Su esposa es Selena Gómez. Bueno, no es tan malo, un narcotraficante puede casarse con una mujer estadounidense, y ella puede aprender español, aunque nunca lo hable completamente al 100%. Eso tiene sentido.
Y nuestra abogada mexicana es Zoe Saldaña, una mujer con ascendencia domincana. Es buena, actúa bien. Y habla un español maravilloso. Pero, por alguna razón, se siente desconoectada del papel. No termina de encajar, y uno no sabe decir si es porque estamos acostumbrados a verla hablando inglés, por el maquillaje que utilizo o simplemente por la dirección de actores.

¿Ya no hay más personas? Si, la novia de Emilia Pérez, Epifania. Ella es Adriana Paz, una mexicana, con un gran talento en la actuación. Una buena actriz.
Ella pudo haber sido la protagonista de la historia. Pero fue un personaje secundario.
La película no es mexicana, ¿o si?
Pues no, no lo es. Es francesa, escrita por un francés, el polémico Jacques Audiard. Bueno, ¿pero está bien hecha? Depende de a quién le preguntes.
Y de repente, muchas cosas tienen sentido: por qué los abogados sacan sus computadoras en medio del tianguis (qué por cierto es excesivamente pequeño), por qué el Tribunal de Justicia es del Distrito Federal, porque es tan «fácil» encontrar fosas comunes, porque una fundación tendría como sede una casa abandonada.

De repente tiene sentido porque los personajes se insultan diciéndose «prietos», y porque cuando alguien se enoja dice «vieja lencha». Y por qué alguien se molesta porqué se van a llevar a sus hijos de las Lomas a Polanco, cuando no hay más de 20 minutos de distancia.

Por qué no se siente como México. Así no es México.
Hay quienes dicen que la película es buena porque los franceses son buenos abordando los temas sociales de una forma llamativa y peculiar. Hay quienes dicen que la cinematografía de la película es buena, independientemente de la trama. Hay quienes dicen que está bien construída. Hay quienes dicen que las coreografías de las canciones son buenas.
Hay gente, como Jacques Audiard, que le gusta ver arder el mundo y hacer enojar a la gente; como cuando admitió que no estudió a México completamente antes de hacer la película. Algunas cosas hubieran sido mejor guardarlas. Aunque hay gente que dice que lo hizo a propósito.
Una cosa si se debe destacar: La inclusión.
La trama era buena, digna de una película de Netflix que pudo haber ocupado el primer lugar por mucho tiempo. Tal vez si no hubiera sido un musical, o si hubiera tenido un cast mexicano, o si hubiera sido un poco más realista, o tal vez si se hubiera estudiado correctamente el país.
Hay demasiados tal vez. Y eso es lo que está mal con Emilia Pérez.






Muy puntual y acertada crítica.