En esta temporada de estrenos, nos encontramos con una de las propuestas más esperadas del año: la nueva obra del aclamado director Ari Aster. Conocido por su capacidad de explorar el miedo desde perspectivas poco convencionales, Aster ha demostrado ser un maestro del terror psicológico y emocional. Obras como El legado del diablo (Hereditary), con su tono sobrenatural y angustiante, Midsommar, que trasladó el horror a la luz del día y abordó la vulnerabilidad emocional en un entorno agorafóbico, y la más reciente y desconcertante Beau tiene miedo, han cimentado su lugar como uno de los cineastas más provocadores de los últimos años. Ahora, con Eddington, Aster regresa para remover una experiencia traumática y colectiva que marcó a toda la humanidad: la pandemia del COVID-19.
La historia se desarrolla en el ficticio pueblo rural de Eddington, un árido y desolado rincón de Estados Unidos donde sus habitantes intentan adaptarse a las nuevas realidades impuestas por la emergencia sanitaria. El confinamiento, el cierre de comercios, el distanciamiento social, el uso obligatorio de mascarillas y las tensiones entre quienes apoyan las medidas sanitarias y quienes las rechazan, configuran un escenario que se siente tan familiar como inquietante.
Dentro de este contexto, conocemos a uno de los protagonistas principales: el carismático alcalde Ted García, interpretado magistralmente por Pedro Pascal (conocido por su papel en The Mandalorian y la próxima adaptación de Los Cuatro Fantásticos). Ted es un político aparentemente ideal: eficiente, querido por la comunidad y dotado de un carisma natural que lo posiciona como el favorito en las elecciones locales. Sin embargo, su rival, el sheriff Joe Cross —interpretado por el siempre intenso Joaquin Phoenix (Joker, Beau tiene miedo)— representa un contraste marcado. Joe es un hombre atormentado no sólo por la creciente crisis social del pueblo, sino también por los problemas personales que enfrenta en su hogar. Su matrimonio con Louise (Emma Stone, destacada en Pobres criaturas y La La Land) se tambalea bajo la presión del encierro, y su relación con su suegra, Dawn —interpretada con profundidad por Deirdre O’Connell, reconocida por su papel como la madre del Pingüino en la serie homónima—,que afecta a la pareja con su fanatismo conspirativo.
A medida que avanza la trama, el filme va más allá de la anécdota pandémica y se sumerge en las tensiones sociales y raciales que también marcaron ese periodo, incluyendo las protestas del movimiento Black Lives Matter. De esta manera, Eddington no solo se convierte en una crónica de la pandemia, sino también en una radiografía emocional y política de una sociedad fracturada, expuesta al miedo, la desinformación y la incertidumbre.
Considero que esta obra cinematográfica funciona como un espejo que nos invita a reflexionar sobre nuestra propia experiencia durante uno de los capítulos más complejos de la historia reciente. A través de una narrativa cuidadosamente construida, la película pone sobre la mesa temáticas que aún resuenan: desde el miedo al contagio hasta la ansiedad provocada por el bombardeo de información contradictoria en medios de comunicación y redes sociales, pasando por los conflictos familiares que se intensificaron durante el confinamiento.
Ari Aster logra, con su estilo inconfundible, crear una obra que se siente íntima y universal al mismo tiempo. La elección de situarla cinco años después de los hechos reales permite tomar cierta distancia emocional, lo suficiente como para analizar con algo más de objetividad lo vivido, pero también con la cercanía necesaria para que el recuerdo aún duela y remueva. Es en esa tensión entre lo vivido y lo recordado donde la película encuentra su verdadera fuerza.
Desde mi punto de vista, Eddington es una película que merece ser vista no solo por su propuesta artística y su reparto estelar, sino también por el valor de su mensaje. Nos invita a repensar cómo actuamos frente a la crisis, cómo nos relacionamos con el otro en tiempos de miedo, y cómo nuestras decisiones, por pequeñas que parezcan, pueden tener un impacto profundo en nuestras vidas y en las de quienes nos rodean.Recomiendo esta obra a todas las personas que buscan algo más que entretenimiento. Si bien puede parecer una película compleja por el tipo de temas que aborda y la carga emocional que conlleva, Eddington ofrece una experiencia que equilibra momentos de humor, tensión y reflexión profunda. Cada minuto está cuidadosamente diseñado para ofrecer algo al espectador, ya sea a nivel narrativo, visual o simbólico. Es una de esas películas que puedes disfrutar en un primer visionado, pero que también puedes analizar y redescubrir desde múltiples ángulos si decides profundizar.





